martes, 28 de agosto de 2007

El escondite

Recuerda que hemos sacado billete de ida, pero no de vuelta, así que deberemos hacer un esfuerzo si queremos bajarnos en la misma estación, lo que pasa es que con los ojos vendados entiende que no me atreva a comprar un corazón por temor a ser estafada. Pensaba que viviamos en una parcela de tierra donde cabíamos únicamente tú y yo, incluso un poquito apretados si fuera estaba nevando pero tu y yo. No es egoismo, ni dolor, es siplemente que tengo que encontrar el mejor agujero el más escondido, remoto y lejano para enterrar el hacha que lamentablemente yo no agarré. Y de momento la llevo en la mano y no me decido por el sitio más certezo para enterrarla. Así la herida que tengo en el costado derecho se hará más pequeña.

Hay noches que solo veo tormentas, llena de indecisiones y cambios de opinión sin medir las consecuencias. Al mismo tiempo, robo todos los versos que me hablan de ti en cada biblioteca, para que cuando se me bajen las persianas siempre me quede un caramelo escondido debajo de la almohada. Desconfío de los caminos que sólo tienen un sentido, siempre me enamoraron las autopistas sentimentales.

Sigo asomada al camino, te espero en él, pero descalza, me has dejado sin zapatos y desconozco si seré capaz de caminar durante mucho tiempo. Solo necesito una buena razón para no bajarme una y otra vez en tu estación, para no volver a visitar tus lunares cada vez que me hagas perder pie.

Sí, la señorita Demasiado te golpea duro, sabe cuáles son tus puntos débiles, espera a que las apuestas suban y justo cuando están en lo más alto, te vuelve a golpear, donde más duele
es su especialidad, así que aprieta bien los dientes, aguanta otra embestida y puede que consigas el título. La duda se vende cara y siempre cobra intereses.


Tal vez deberías dedicarte a otra disciplina más fácil y más cerca de tu casa porque la señorita Demasiado necesita de muchos combates para aprender a mantener la guardia, para morder antes de ser mordida para defenderse de lobos miedosos.

De todos modos no te dejes engañar, las llaves siguen puestas en la puerta y el sugus debajo de la almohada. Solo hay que empujar las veces que creas necesario.